[PRENSA-OPINIÓN] ‘Albayzín for sale’
Granada asiste, entre la parálisis de unos y la codicia de otros, a la subasta definitiva de su alma. Bajo el cínico paraguas de la “rehabilitación”, el Ayuntamiento de Granada y la Junta de Andalucía han decidido que el Albayzín ya no es un barrio, sino un activo inmobiliario en liquidación. La reciente cadena de decisiones urbanísticas sobre espacios emblemáticos no es gestión pública; es una rendición incondicional ante el capital extractivo. Malas credenciales para la ciudad que pretende ser capital cultural europea dentro de cinco años.
Agustín Martínez en Granada Hoy, 24-4-2026
El catálogo de la infamia es extenso. La recalificación del Carmen de las Maravillas, el destino hotelero del Convento de Santa Inés –vinculado a operaciones que huelen a rancio (y franquista) privilegio– y la subasta del centro de menores de San Miguel por parte de la Junta conforman un tríptico de la desvergüenza. Donde debería haber equipamientos culturales, centros sociolaborales o espacios de respiro para una comunidad asfixiada, nuestras instituciones solo ven recepciones de cinco estrellas y suelos de mármol para maletas de lujo.
La estadística es el acta de defunción de un barrio vivo: de los más de 20.000 habitantes que latían en sus callejones hace solo dos décadas, hoy apenas resisten poco más de siete mil. Hemos cruzado el umbral del no retorno: el Albayzín ya acredita más plazas de alquiler turístico que vecinos censados. Es un parque temático vacío de niños, de comercios de cercanía y de identidad, donde el silencio de los conventos no se rompe por la oración, sino por el check-in.
Tanto el Ayuntamiento como la Junta actúan como agentes de la propiedad inmobiliaria en lugar de como garantes del patrimonio. Ignoran la extrema fragilidad de un entorno Patrimonio de la Humanidad para entregarlo a la ultraexplotación. Al facilitar el cambio de uso de estos inmuebles, están firmando la orden de desahucio de los últimos albaicineros. No se “recupera” un edificio si para ello se expulsa la vida que lo rodea; se embalsama un cadáver para que los turistas se hagan fotos con él.
La gentrificación no es un fenómeno meteorológico inevitable, es una decisión política. Y en Granada, la decisión está tomada: Albayzín for sale. Mientras las administraciones sigan confundiendo el interés general con la cuenta de resultados de las cadenas hoteleras, Granada seguirá perdiendo su corazón y su alma. El Ayuntamiento pone al Albayzín en venta, y quienes deberían protegerlo son los que están sujetando el cartel de la inmobiliaria mientras cobran la comisión de nuestra identidad perdida.

