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Análisis arqueológico de estructuras emergentes en Placeta Fátima, número 5, en 2020

La construcción de la casa se produjo en la etapa morisca (1500-1571), desde
entonces, el edificio, ha transformado su uso, de casa familiar a casa de vecinos, para volver otra vez a su uso original. Su espacio se ha transformado con ampliaciones, engalabernos, nuevas construcciones, compartimentaciones, fragmentación de espacios, apertura y cierre
de vanos, etc. Todo esto atribuye un singular valor patrimonial por la carga histórica que contiene el edificio, siendo un buen ejemplo de arquitectura doméstica a lo largo de varios siglos, en el que los cambios constructivos van en paralelo con las transformaciones sociales por motivos religiosos, económicos, políticos y culturales.
Al interior del edificio todos los espacios comunes están interrelacionados con el patio, desde el zaguán de entrada, hasta las escaleras, siendo el patio el elemento articulador de los corredores de acceso a las distintas estancias; el recurso de iluminación natural, de ventilación y de regulación de temperatura, así como, muy probablemente, el elemento de distribución de la red de saneamiento, que parece dirigirse, desde el patio hacia la calle.
El edificio es de interés para el conjunto urbano, pues se trata de un ejemplo de arquitectura de tradición morisca que caracteriza a la ciudad en una época histórica concreta, a través de su configuración interior y la técnica constructiva.
En Granada, a mediados del s.XX, hubo un período en el cual se llevaron a cabo toda una serie de importantes reformas urbanas internas, todas ellas impulsadas casi siempre por las autoridades municipales. El Ayuntamiento de 1940, presidido por Gallego Burín, realizó obras de ensanche y comunicación del Albaicín, con alineamientos de fachadas y apertura de calles, manifestación de la preocupación por el desarrollismo en un enclave tan particular. En esta época se desarrollan toda una serie de modificaciones en el
inmueble que cambiarán por completo su fisonomía exterior, así como su configuración interior, con una novedad muy importante, como será la llegada del agua hasta el interior de las casas.
El agua en el Albaicín se articulaba a través de una red de acequias que toman el agua de la fuente de Aynadamar en Alfacar. Es un elemento esencial para la vida y que llegaba a las casas por conducciones hasta las cisternas, comunal o particular, que en muchos casos se materializa en grandes recipientes cerámicos. El control arqueológico de las zanjas necesarias para modificar la red de saneamiento, permitirá conocer las infraestructuras antiguas.

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