El peso de la historia del Museo Arqueológico

El director del Museo Arqueológico, Isidro Toro, a la izquierda, atento a la presentación de Juan Antonio Sánchez. Foto Álvaro Calleja GiM

El director del Museo Arqueológico, Isidro Toro, a la izquierda, atento a la presentación de Juan Antonio Sánchez. Foto Álvaro Calleja GiM

GranadaiMedia, 06-03-2014

La fatalidad parece perseguir al Museo Arqueológico de Granada a lo largo de su siglo y medio de existencia, ya sea como gabinete de antigüedades o tal y como hoy se le conoce. Parece que ese sea su sino, el de sortear contratiempos que le han impedido exhibir de forma prolongada su valiosa colección. O al menos ese ha sido el mensaje que trasladó su director Isidro Toro Moyano al público que asistió el pasado martes a la conferencia titulada ‘El origen, historia y colecciones’.

La charla inauguró el ciclo de conferencias ‘Vivimos el Albaicín’ que organiza la Asociación de Vecinos del Bajo Albaicín en el Carmen de la Victoria. Existía interés por conocer la opinión del responsable de la gestión del museo tras la movilización de parte de la ciudadanía por los casi cuatro años que lleva cerrada al público la Casa de Castril, sede actual del Arqueológico. Manuel Navarro, miembro del colectivo vecinal, leyó el manifiesto donde se reclama la reapertura inmediata y Juan Antonio Sánchez se encargó de la presentación del invitado.

Isidro Toro, director del museo y doctor en Historia, hizo un recorrido por ese “gran desconocido” que es el museo arqueológico, pero optó por no salirse del guión. No se pronunció sobre los asuntos más espinosos, los que tienen que ver con la gestión política y la posible solución a un entuerto que enfrenta a la Junta de Andalucía, gestor del museo, con el Gobierno español, propietario del edificio. Justificó su silencio por su condición de técnico: “soy un funcionario, no político”, recordó Toro quien, no obstante, está al frente de la secretaría de Cultura del PSOE de Granada, un cargo interno en el organigrama del partido.

Defendió la labor de conservación, investigación y difusión que se viene realizando pese a estar cerrado al público: “El museo está vivo y es extraordinario. No está muerto. Lo que sí es una pena es que no se pueda disfrutar”, admitió.

Hubo quien entre el público puso en duda la razón fundamental del cierre –los daños en la estructura del edificio- al tiempo que censuraba la política “oscurantista” de la Junta de Andalucía en su intento por “desmantelar” el museo. Isidro Toro eludió cualquier polémica pero sí aseguró que los dos edificios, la Casa de Castril y la de Latorre, presentan graves problemas. “Hay grietas desde el techo a la parte baja y zonas clausuradas por donde no se puede circular”, apostilló Toro.

Los males que aquejan al inmueble tienen su origen, según el director, en las obras “incontroladas” que la Casa de Castril ha sufrido a lo largo del tiempo, actuaciones que se hicieron mucho antes de que el palacio renacentista se eligiera como sede del museo en 1923.

Con anterioridad a ese año y desde su nacimiento oficial como gabinete de antigüedades en 1879 se vio obligado a compartir un tortuoso peregrinaje por distintos locales. Se sabe que antes de su traslado a la Casa de Castril pasó por el Convento de Santa Cruz la Real, un semisótano del Ayuntamiento y una casa señorial en la Calle Aranda, ninguno de ellos lugares adecuados para la función museística, un tanto ensombrecida por el interés que por aquel entonces despertaban los organismos con los que compartía sede (la Academia de las Bellas Artes, el Liceo Artístico o la Academia de Nª Sª de las Angustias).

De aquella época, de 1896, data el escrito del entonces director Francisco de Góngora y Martínez, que aparece en prensa y que, según Toro, refleja muy bien el “sino del museo”: “La verdad desnuda, por amarga y triste, es que este local no es un museo sino un indecoroso almacenaje”.

Las transformaciones de la Casa de Castril

Antes de establecerse en la Casa de Castril se planteó incluso la posibilidad de construir un museo de nueva planta en un solar vacío situado en las inmediaciones del Triunfo. Isidro Toro baraja la posibilidad de que dicho solar pudo estar donde ahora se encuentra el edificio de La Normal o el propio Colegio Padre Suárez.

La idea no cuajó y finalmente se adquirió la Casa de Castril que entonces era propiedad de la familia de Leopoldo Eguílaz y Yanguas. El entonces director Antonio Gallego Burín ya alertó en 1926, tan solo tres años después de su apertura, de que el inmueble no reunía las condiciones para albergar todos sus fondos.

Según Isidro Toro, el deterioro que afecta al edificio se debe a las transformaciones que se llevaron a cabo a finales del siglo XVII y buena parte del XVIII cuando la Casa de Castril, que en su origen perteneció a la familia de Zafra, se convirtió en una estancia más de los conventos. Luego se hicieron más adaptaciones para reformarla en casa palaciega. “Todo ello generó perjuicios a la estructura que todavía hoy arrastramos”, puntualizó.

Otro de los múltiples percances en los que se ha visto envuelto el edifico ocurrió en 1933, cuando se desplomó toda la crujía de la fachada. Ya entonces las soluciones se demoraban en el tiempo. Pese a que el arquitecto Leopoldo Torres Balbás elaboró un proyecto para su restauración, no es hasta 1942 cuando se llevó a cabo.

Todo ese tiempo permaneció cerrado al igual que en otros periodos anteriores y posteriores a dicho episodio. Toro calcula que un tercio de la vida del museo, en torno a 50 años, ha permanecido clausurado.

Su momento de esplendor llegó a partir de 1974 convirtiéndose en referente de las técnicas museográficas, al tiempo que se investigaba, se ampliaban los fondos y se profesionalizaban las exposiciones. En 1984 el Museo Arqueológico pasa a estar gestionado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía tras el traspaso de competencias.

Un nuevo museo

No acaban aquí sus desventuras.  El Arqueológico de Granada se encuentra en la actualidad bajo llave, sin la posibilidad de contemplar su valioso patrimonio, la colección más importante de todos los museos que existen en Andalucía y en buena parte de España. Toro asegura que “se puede leer la historia de Europa desde sus orígenes, sin discontinuidad, hasta la conquista de los Reyes Católicos”.

En el libro de registros se contabilizan en este momento más de 16.000 piezas, buena parte de ellas digitalizadas. Destaca una colección importante de restos procedentes del Paleolítico, Neolítico, la edad del Bronce, importantes restos de la civilización fenicia, romana, visigoda, bizantina y época islámica; además de una gran colección numismática.

Los fondos no dejan de crecer, lo que plantea, más allá de traslados puntuales a otros museos, un problema mucho más importante, según explicó Isidro Toro: la necesidad de buscar un espacio mayor. Los 365 metros cuadrados de zona expositiva son insuficientes para albergar los fondos que, según el director del museo, necesitan de una superficie de entre 8.000 a 10.000 metros cuadrados; un proyecto con unos costes inasumibles en este momento por unas administraciones que se han mostrado cicateras a la hora de destinar tan sólo 150.000 euros al arreglo de la estructura.

El futuro más inmediato pasa –según Toro- por abrir la Casa de Castril con una pequeña selección de fondos, una solución que no pareció convencer a los integrantes de la plataforma ciudadana que pide su reapertura inmediata ante el temor de que sea el principio de su desmantelamiento.

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