‘Abd Allah, El rey cronista de la Granada Zirí. Nur R. Royo

Compartimos el artículo de Nur R. Royo publicado en la revista de El Legado Andalusí N. 45 Año XII (2012), lo puedes leer completo en este enlace:
 

La última parte se titula «Vestigios ziríes» y se refiere a las huellas de los Ziríes en nuestro barrio. Nosotros, como vecinos, vivimos estas huellas del pasado día a día. Esperamos que algunos de estas arquitecturas que hoy se encuentran en un lamentable estado de abandono (la muralla por ejemplo), de continuo vandalismo (Arco de las Pesas) o simplemente ignorados (las puertas) sean de una vez tenidas en consideración por todas las administraciones (Gobierno, Junta y Ayuntamiento), nosotros no nos cansaremos de exigirlo hasta que podamos disfrutar este importante patrimonio en el estado que merece.

Reproducimos aquí esta parte:
 

Vestigios ziríes

De época zirí quedan no sólo las Memorias, sino también muchos elementos arquitectónicos. Lógicamente, la mayoría de aquellos vestigios se hallan en el barrio del Albayzín, la sede de los ziríes.

Al entrar en el Albayzín (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), pasamos por la Puerta de Elvira, con sus dos arcos de herradura gigantes. El arco de herradura -elemento arquitectónico de origen visigodo adoptado por los omeyas andalusíes- es un elemento dominante en la construcción zirí.

Al subir a la parte más elevada del barrio nos encontramos con Bab al-Unaydar (Puerta de Monaita), Bib al-Asad (Puerta del León), Puerta de la Hizna Romana, Bib Albunud, Bab al-Ziyada (Arco de las Pesas) y algunos tramos de la muralla zirí (Alhacaba) que defendía la ciudad.

Pero para muchos, el monumento zirí más destacado es el Hammam al-Yawza (El Bañuelo) en la carrera del Darro. Justo al otro lado del río se ve un torreón y los restos de un arco que pertenecen a Qantarat al-Qadi (Puente del Cadí), que formaba parte de un puente que unía el Albayzín y la colina del Sabika (donde está situada la Alhambra). El yamur (remate metálico del minarete) de la mezquita zirí de Almanzora (la actual Iglesia de Santa Ana) se encuentra en el Museo de la Alhambra.

En las Memorias, dice ‘Abd Allah que no dejó de construir aljibes e instalar molinos. Cerca de Granada, la Fuente Grande de Alfacar es un buen ejemplo de esa preocupación por el suministro de agua y alimentos: por mandato de ‘Abd Allah, su visir hizo correr las aguas de Alfacar a través de la acequia de Aynadamar hasta el Albayzín donde se almacenaba el agua en aljibes como el del Rey.

La acequia permitió la construcción de tahonas (molinos) para aprovechar el agua y hasta nuestros días el pan de Alfacar tiene una fama casi legendaria. Todavía se puede ver un tramo de la acequia entre Alfacar y Víznar.

La austeridad de estos vestigios se puede explicar por la inestabilidad política, la fragilidad económica y la falta de una tradición artística zirí. Hay que recordar que los ziríes habían venido a al-Andalus como mercenarios y guerreros, no se caracterizaban ni por el refinamiento cultural de los omeyas ni por el gusto artístico de los nazaríes. Lo que sí les distinguía era la capacidad de pactar, cambiar alianzas y aguantar la presión política y militar de un siglo sin paralelo en la historia de la Península Ibérica.

“Todo se imprime en el hombre en el momento del nacimiento y en la infancia,” dice ‘Abd Allah.

¿Podría haber cambiado este rey su destino si hubiera actuado de forma diferente ante los retos y las amenazas que le rodeaban? Seguro que muchos reyes comparten este pensamiento, muchos historiadores también, pero nuestro rey ‘Abd Allah parece estar en paz consigo mismo tras una carrera turbulenta. Entonces, ¿por qué decidió escribir sus memorias? La respuesta es múltiple: limpiar a su nombre; inmortalizar su historia; luchar contra una bien guardada sensación de culpabilidad; quejarse de la crueldad del destino; pasar las largas noches del exilio… o; simplemente, un deseo de compartir con nosotros lo que había aprendido de la vida.

 

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