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[PRENSA] La última tienda de toda la vida de la Cuesta de Alhacaba: «Aquí no tengo competencia»

Sergio ha heredado este comercio tradicional de alimentación de su padre y su abuelo y su hijo David ya dice que quiere quedarse al frente el día de mañana

Leer en Ideal, 5-11-2026

Sergio Zúñiga pega saltitos detrás del mostrador de su tienda de alimentación. El frío que anuncia el invierno ha entrado en la ciudad y se ha quedado a vivir en este comercio tradicional de los de toda la vida ahora que es por la mañana y todavía no entra la clientela a darle calor.

«Vienen cuando terminan los quehaceres o los trabajos, a partir de la una del mediodía, o por la tarde, sobre las siete hasta las nueve y media de la noche. Al final, es un trabajo sacrificado y no llegas a casa hasta las once de la noche o así», cuenta Sergio, tercera generación al frente de esta tienda de ultramarinos de toda la vida.

«Antes se vendía y se ganaban sus dineros. Ahora ya no. Hay muchos supermercados de grandes firmas y muchos chinos por todos lados»

‘Frutería y Comestibles Albayzín D. Z.’ está ubicado en el número 19 de la Cuesta de Alhacaba, esa avenida empinada y recientemente embellecida que lleva desde la ciudad al corazón del Albaicín, a Plaza Larga, donde todavía permanece vivo y con pulso el barrio Patrimonio de la Humanidad, con cafeterías, pastelerías, restaurantes y también estanco, lotería y quinielas, y todo tipo de comercio para abastecer a los vecinos.

Pero, en la Cuesta de Alhacaba, este paisaje es ya historia. Ya no hay ruido de carritos de la compra ni conversaciones en los quicios de las tiendas, de los antiguos talleres de orfebrería y artesanía que jalonaban Alhacaba, que, por cierto, significa cuesta en árabe. La tasca del abuelo Julio, justo en la esquina, al principio de la propia cuesta, completaba el negocio familiar con la tienda que regentaba la abuela María.

Sergio, en el mostrader de su tienda.
Sergio, en el mostrader de su tienda. (Blanca Rodríguez)

Tres generaciones después

Así que, tres generaciones después, aquí se encuentra Sergio, enfundado en su forro polar colorado, resoplando y con las manos dentro de los bolsillos. «Aquí estamos resistiendo. Se está acabando todo y al final las quitarán todas. Tantos negocios grandes, tantos hipermercados, que al final no hay sitio para todos».

Entonces, la cantinela. La pátina que deja el tiempo. «Antes se vendía y se ganaban sus dineros. Ahora ya no. Hay muchos supermercados de grandes firmas y muchos chinos por todos lados. Eso sí, lo bueno es que aquí en el Albaicín no tengo competencia. Si estuviera ahí abajo -señala entonces cuesta abajo- ya ves si habría competencia».

También es verdad que ser comerciante en el Albaicín te marca. «Es el sitio más bonito del mundo, ya ves», cuenta orgulloso. No en vano, el bloque de tres plantas que se eleva sobre la tienda de ultramarinos es la casa familiar también de toda la vida.

Pero, ya empezamos con los peros, Sergio no viviría en el Albaicín ni por todo el dinero del mundo. Sus razones tiene. «No me venía a vivir aquí porque vivo en el Zaidín. ¿Tú sabes la alegría que es vivir en el Zaidín que sales y hay de todo? En el Albaicín ya no hay nada y tienes que bajar al centro».

Y sin saberlo, este albaicinero de familia que se crió en el Cerrillo de Maracena y se mudó al Zaidín cuando se casó, acaba de describir sin estudios científicos ni verborrea electoral el problema que sufre el Albaicín.

No cuesta nada comprobarlo. Superada la primera mitad de la Cuesta de Alhacaba, hasta hace un par de años, aparecía el segundo comercio de toda la vía que mantenía abría sus puertas contra viento y marea. Un letrerico señalaba entonces que se había llegado a Eléctrica Yudes, donde Enrique, el titular, ha despachado amablemente durante lustros. Hace diez años, en 2016, compartió a este periódico: «Aquí ya poco vamos a durar, sólo quedamos dos tiendas. Todo está en Plaza Larga y las calles adyacentes».

Tenía Enrique Yudes razón, y así se refleja su diagnóstico y el de Sergio en el tipo de clientela que subsiste. «Hay más jóvenes que viejos, que se van muriendo. Y los jóvenes a lo suyo, compran mucha cerveza, mucho wiski y mucho ron con sus refrescos, y las patatillas y las pipas y las chuches. Todo eso». Luego está el segundo tipo de cliente. Se trata del turista, el visitante. «Hay mucho guiri por aquí y en temporada es la gente que te da la vida».

Llega entonces otra reflexión desde la experiencia. «Critican mucho el turismo masivo, pero si no fuera por ellos, los turistas, ya me dirás de qué íbamos a comer nosotros o los bares de Plaza Larga».

Los orígenes, el futuro

Sergio Zúñiga, hijo de Alberto, nieto de Julio y padre de David, es la tercera generación del negocio que montaron sus abuelos. «Ya tengo 47 años, todos los días vengo en autobús desde el Zaidín dos veces al día. Es cansado. Le pillas cariño al lugar, a la clientela, a la tradición familiar».

Fue precisamente este negocio familiar el que le salvó cuando en el año 2008 llegó de golpe y porrazo la crisis de la construcción, «y aquí vine y aquí me quedé, aunque todavía me quedan unos cuantos años para la jubilación. Eso sí, aunque ya no se gana como antes, da para un sueldo digno y honrado para vivir», mantiene.

Sergio, que está casado y tiene tres hijos, mira al futuro. La mayor, Mari Tere, de 22 años, no quiere saber nada de la tienda, al igual que el chico, cuenta. «Pero el del medio, David, de 18 años, sí viene de vez en cuando a echar una mano porque le gusta. Así que si se queda la tienda el día de mañana, ya seremos cuatro generaciones al frente».

Mientras llega ese momento, Sergio sigue vendiendo. A los turistas, agua y refrescos fresquitos. «Es lo que nos da la cuesta, que llegan todos con la lengua fuera y quieren beber algo frío». A la clientela fiel del barrio, la compra diaria. «Aquí mandan a los críos y se llevan la compra a casa, lo dejan todo apuntado y ya lo pagan los padres al día siguiente, a la semana o a final de mes».

Aquí no hay tarjetas de fidelización ni planes de puntos por compra. En la ‘Frutería y Comestibles Albayzín D. Z.’ de Sergio, se fía; una costumbre que también parece desaparecer lentamente de las calles y tiendas de los barrios de Granada.

Categoría:Novedades, Prensa
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