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[PRENSA] Pintadas, la gran amenaza del patrimonio de Granada

Cientos de metros de murallas históricas, catalogadas como Bien de Interés Cultural, están vandalizadas con grafitis que pueden provocar incluso daños estructurales

Leer en Ideal, 12-10-2026

Antes de dar una vuelta por el ‘museo de los horrores’, conviene aclarar que en los últimos meses se ha avanzado en la erradicación de rayajos y frasecitas en bienes tan sensibles y de tanta relevancia como las puertas monumentales. No tiene más que darse una vuelta por estos entornos para comprobarlo.

El ejemplo paradigmático de ello es el Arco de las Pesas, considerado como una de las primeras puertas de recodo de la arquitectura hispanomusulmana datada en el siglo XI, en tiempo de los ziríes. Este acceso comunicaba la Alcazaba Qadima con el Albaicín. Se borraron con láser hace justo un año y desde entonces no han vuelto a aparecer. Parece que la cartelería y la colocación de cámaras de vigilancia están surtiendo efecto. Todo un éxito, sin lugar a dudas, habida cuenta de que por debajo del Arco de las Pesas transitan a diario miles y miles de personas.

También se ha actuado en el Arco de Elvira, de tanta relevancia en estos meses que se conmemoran los quinientos años de la visita a Granada del emperador Carlos V y su esposa Isabel de Portugal, y en la Puerta de Fajalauza, cuyo aspecto no podía ser más deprimente hace unos meses. Este acceso, que fue mandado construir en el siglo XIV por Yusuf I o por su hijo Muhammad V, unía el arrabal de los alfareros y el interior del Albaicín con los caminos que llevaban hacia el norte del Reino de Granada y hacia localidades tan importantes como Guadix.

Puerta de Fajalauza, sin pintadas.
Puerta de Fajalauza, sin pintadas. (JORGE PASTOR)

Pero no tenemos que alejarnos mucho de la Puerta de Fajalauza para toparnos, ya sí, con la versión menos amable del grafiti -barrios de Granada como el Realejo y la Chana están llenos de maravillosas manifestaciones de arte urbano-. El deterioro de la Muralla Nazarí, que nace en el Arco Elvira, sube hasta San Miguel y baja hasta el cauce del Darro -unos cinco kilómetros- ha ido claramente in crescendo en los últimos años, especialmente en el tramo de quinientos metros que separa el Arco de Fajalauza del Peñón del Tigre, junto a la carretera de Murcia. Estamos hablando de tapiales con una potencia de unos 5 metros de alto por 1,20 metros de grosor.

La buena noticia es que la zona extramuros de la Muralla Alberzana está siendo arreglada con los fondos del Plan Alhambra -los trabajos ya se han iniciado- y la mala que hay mucha faena fuera de este ámbito. No han parado de ‘salir’ nuevas pintadas que se suman a todas las que ya habían sido denunciadas por activa o por pasiva. Pintarrajos de colorines que no solo afean un Bien de Interés Cultural propiedad del Ministerio de Cultura, sino que lo destruyen.

Los destrozos provocados por la aplicación de aerosoles -normalmente fabricados con sustancias como resinas y acrílicos- son muy perjudiciales. Sobre todo porque el espray penetra por la superficie porosa y puede generar una película impermeable que impide que escape el agua de la lluvia. Esto puede desencadenar, a su vez, problemas estructurales. El fenómeno es parecido al que se produce cuando se sobreponen morteros de cemento sobre piedra como la calcarenita bioclástica, con la que están hechos buena parte de los monumentos de Granada. Se arenizan. Se desmoronan.

San Miguel Alto

El entorno de San Miguel Alto se halla en un estado de conservación sencillamente lamentable, como ha advertido en reiteradas ocasiones la Asociación de Vecinos del Cerro de San Miguel Alto. Según su presidente, Juan Megías, los residentes sufren un alarmante déficit de limpieza, «ya que solo se actúa en los alrededores del mirador, dejando los caminos peatonales en condiciones penosas».

También lamenta la proliferación incontrolada de pintadas, lo que exige, bajo su punto de vista, la intervención urgente de las administraciones, la colocación de carteles informativos y el desarrollo de campañas de educación cívica. A San Miguel Alto suben a diario cientos de granadinos y visitantes, especialmente en el intervalo de la puesta de sol.

Todos, los de aquí y los de allí, tienen la oportunidad de observar el espectáculo deprimente de la restauración de la Muralla Nazarí acometida entre 2002 y 2006 por Antonio Jiménez Torrecillas. Unos enormes garabatos cubren todo el ‘lienzo’, una estructura concebida para marcar claramente la diferencia entre lo antiguo y lo nuevo. El arquitecto granadino, un verdadero referente, diseñó dos paredes paralelas que permiten crear un pasillo transitable para peatones. El dintel de uno de estos accesos, por cierto, está quebrado y presenta riesgos para los viandantes que penetren.

Respecto al resto del Albaicín, sigue habiendo paños con inscripciones que desencadenan un efecto llamada. Cuando aparece una, los desaprensivos se consideran legitimados para dejar su ‘recuerdo’ detrás. La brigada de operarios especializada en su eliminación no para de blanquear las tapias, pero se reproducen con facilidad. Unas prácticas contra las que se han alzado las voces críticas de los colectivos ciudadanos, fundamentalmente del Albaicín y del Cerro de San Miguel, y también personajes influyentes en la vida granadina como la cómica Martita de Graná, que recientemente publicó un vídeo en redes sociales que no tardó en viralizarse. Estamos hablando de una auténtica plaga.

Pintadas en el Albaicín.
Pintadas en el Albaicín. (JORGE PASTOR)

Muros que han resistido asedios, batallas y el implacable paso de los siglos sucumben hoy bajo la dictadura de los aerosoles de colores. Es la tragedia de una piedra que sobrevivió al tiempo para sucumbir ante los desalmados que quieren dejar su huella. ‘Lavar’ estas heridas es devolver la dignidad a las calles de Granada; es recordar que la verdadera grandeza de una ciudad se mide por el respeto sagrado a su patrimonio.

No, no se trata de ninguna expresión estética. Pintar el patrimonio de Granada no solo es vandalismo en estado puro, sino un delito que puede … acarrear penas de hasta tres años de prisión en el supuesto de que los daños sean graves o irreversibles, además de multas de hasta 3.000 euros. Y quitar un pintarrajo en un muro de hace siete siglos, por ejemplo, conlleva en ocasiones quebrantos tan «graves» e «irreversibles» como tener que erosionarlo. IDEAL ha emprendido una campaña para denunciar y sensibilizar respecto a una forma de gamberrismo que atenta contra una ciudad con dos milenios de historia y que fundamenta su economía en el turismo.

Categoría:Novedades, Prensa
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