[PRENSA] La segunda parte de la obra del archivo municipal en el Carmen del Negro irá al nuevo Plan Alhambra
Urbanismo confirma que priorizará la finalización del proyecto, que servirá para facilitar el acceso a las huertas y rehabilitará el antiguo hogar de Juan Latino
Los trabajos de construcción de la futura sede del Archivo Histórico Municipal están prácticamente finalizados y la previsión es que se pueda inaugurar en las próximas semanas. Sin embargo, cuando se realice el traslado de la documentación a su nuevo alojamiento, aún quedará parte del proyecto por terminar. Se trata de la rampa que conectará los jardines exteriores con las huertas ubicadas sobre el edificio, una actuación que facilitará la accesibilidad a esta zona, considerada la más simbólica del diseño, a todas las personas.
Esta intervención, no obstante, no se limitará a completar la funcionalidad del inmueble, sino que irá aparejada a otra también de gran interés para muchos granadinos porque implicará la recuperación del Carmen del Negro en sí. La histórica vivienda se mantiene parcialmente en pie tras la fachada neomudéjar que da a la Cuesta del Chapiz. Aunque no es la original que habitó Juan Latino, el primer hombre negro que ostentó una cátedra en Europa y que vivió en esta parcela en el siglo XVI, el inmueble conserva muchas de las estancias y guarda aún elementos de interés, como los arcos de acceso y los relieves que decoran los muros de la sala que conectan la calle con los jardines.
Desde el área de Urbanismo aseguran a IDEAL que la intención es que esta segunda fase pueda incorporarse al nuevo Plan Alhambra sobre el que ya están conversando Junta y Ayuntamiento. En el Consistorio reconocen la importancia del plan de obras financiado con las aportaciones del monumento nazarí y destacan el impacto que ha tenido en la recuperación de espacios históricos gracias a inversiones como la destinada al Carmen del Negro, que ha implicado un montante de casi 3 millones de euros.

Las joyas del Archivo Histórico Municipal
Documentos de época nazarí y originados tras la conquista se conservan junto a vistas del XVI y el XVII y fotografías históricas.
A la futura sede del Carmen del Negro irá a parar todo el legado, que incluye verdaderas joyas. Por ejemplo, el original de la pragmática por el que Isabel y Fernando ordenan que no se cobren tasas a los mercaderes de las ciudades tomadas a los nazaríes o el traslado de la carta que Albucacín el Muleh, alcaide de Granada, envió a Hernando de Zafra, secretario de los reyes y uno de los principales negociadores de la toma, para la entrega de la capital.
El archivo también guarda las primeras ordenanzas de la Alhambra o los documentos en los que se designan a los alarifes y alamines de la ciudad, todo un caudal de información que revela cómo se organizaba la ciudad. Asimismo conserva la provisión para que el Conde de Tendilla, uno de los hombres fuertes de Granada tras la conquista, guardara las llaves de las morerías.
Episodios de Granada
Los fondos permiten asomarse a otros episodios importantes de la historia de Granada. Por ejemplo, se conservan testimonios de alfaquíes que ofrecen pistas de cómo se llevó a cabo el ensanche de la zona que hoy es Plaza Nueva o los movimientos que se dieron para que las Comendadoras de Santiago se asentaran en el edificio que aún hoy conservan.
El archivo se completa con vistas y mapas que dan información sobre la evolución de la ciudad. Hay grabados de Georgius Hoefnagle de la Granada del XVI y dibujos de Francisco Heylan que dan cuenta de la situación un siglo después. De esa misma época guarda la plataforma de Granada, un dibujo de Ambrosio de Vico que ofrece otra imagen de la urbe.
Autores como David Roberts, Alfred Guesdon o Charles Clifford también tienen dibujos y fotografías en el archivo. No faltan tampoco los pioneros de Granada, figuras como García Ayola, Enrique Linares, Abelardo o Rafael Garzón, a los que después dio continuidad el histórico Manuel Torres Molina con un archivo de imágenes que documenta la evolución posterior de la ciudad.
Los fondos del Archivo Histórico Municipal conservan un tesoro de siglos. El depósito se originó en tiempos de los Reyes Católicos, pero guardan también una … importante documentación previa que ha permitido a los investigadores aclarar cuestiones cómo la distribución y titularidad de las huertas más ricas de la época previa a la conquista, las propiedades que pertenecían a los monarcas o cómo funcionaba el sistema defensivo que protegía el antiguo reino de Granada.

Un tesoro ‘enterrado’ para guardar la memoria de Granada
El Plan Alhambra permite abrir el edificio que contendrá el Archivo Histórico Municipal, una joya contemporánea que permanecía abandonada desde hace dos décadas
El edificio es casi un secreto. No se vislumbra desde las alturas ni tampoco a pie de calle, en la cuesta del Chapiz. Para buscarlo hay que ir más allá de la fachada que un día fue hogar de Juan Latino. Está detrás de las viejas arcadas de piedra, semienterrado en el largo jardín que se asoma al Palacio de los Córdova, el depósito de donde vendrán los documentos que llenarán las nuevas estancias. Porque ese es el fin del inmueble, próxima sede del Archivo Histórico Municipal.
La obra es fruto de la colaboración entre la Junta y el Ayuntamiento al formar parte del Plan Alhambra y ha implicado una inversión cercana a los 3 millones de euros
Para llegar aquí, a abrir este espacio en el corazón del Albaicín, el camino no ha sido sencillo. El traslado de la institución ya fue planteado hace dos décadas. Aquella era otra Granada, una ciudad que nacía al nuevo siglo con un Plan General recién aprobado y en la que las normativas urbanísticas de la época, menos estrictas, aún permitían conjugar arquitectura histórica y contemporánea en busca de una simbiosis perfecta. En ese contexto, el Ayuntamiento abrió un concurso para diseñar la futura sede del archivo del que salió victorioso el proyecto de Luis Feduchi.
Buena parte de lo que hoy se puede ver nació de la imaginación del arquitecto madrileño. Su sueño era un contenedor hundido en el terreno, pero abierto al cauce del Darro para atraer la luz a los espacios que investigadores y trabajadores del complejo iban a ocupar. El elemento más simbólico era, y lo sigue siendo ahora, el tejado ajardinado, un rincón que rendía homenaje a las tradicionales huertas que ocuparon el área durante siglos.
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Aquella ilusión se esfumó en 2005 por motivos presupuestarios y el esqueleto a medio terminar del inmueble se mantuvo como una mancha gris en la ‘piel’ del barrio. No fue hasta que la iniciativa autonómica permitió disponer de fondos nuevos cuando la ciudad, ya con la popular Marifrán Carazo al frente, pudo afrontar su conclusión. La tarea recayó sobre el equipo formado por Antonio Luis García-Fresneda Hernández y Juan Manuel Zamora Malagón, quienes apostaron por aprovechar el diseño de Feduchi y actualizarlo para cubrir las necesidades actuales del archivo.
«Hemos hecho un esfuerzo importante por dejar vista la estructura con la intención de poner en valor el proyecto de Feduchi, que es un diseño muy interesante»
Juan Manuel Zamora Malagón
Arquitecto
«Desde el principio, conectamos con un proyecto que pensamos que era muy especial», asegura Zamora a las puertas del complejo. A pocas semanas de la inauguración del centro, con la obra prácticamente terminada, la sonrisa no se borra del rostro del arquitecto.
Junto a su socio, es responsable de trabajos que están dejando huella en la provincia, como la renovación del Cubo de CajaGranada o el nuevo centro de salud del barrio de la Juventud. La nueva sede del Archivo Municipal es, sin embargo, otra historia. «Había que salvar un edificio que, como siempre digo, hoy en día sería imposible de hacer de cero», confiesa.
Distribución única
El ir y venir de operarios no oculta la belleza del conjunto. Su distribución responde a una organización ideada con el fin de guardar y proteger importantes documentos, pero también destinada a su conservación y a posibilitar su estudio por los investigadores. Así, se proponen dos accesos diferenciados, uno más reservado ubicado bajo la terraza del Ave María, que es el que se empleará para trasladar el archivo, y otro que da al Palacio de los Córdova, que es por donde entrará el personal y el público general.
Dentro, el planteamiento de Feduchi, que han mantenido Fresneda y Zamora, separa las estancias abiertas, destinadas a la consulta, de aquellas cerradas a las que solo pueden acceder los trabajadores. Las primeras las conforman un recibidor abierto y una amplísima sala de lectura con grandes ventanales por las que entra, como un cañón de luz, la claridad que irradia el valle del Darro. «La intención era que los usuarios pudieran disfrutar desde el interior de vistas a la Alhambra», explica el arquitecto.
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Al otro lado de un cristal, se encuentra el resto del edificio. Se articula por un largo pasillo que separa los despachos y las estancias administrativas, que dan al lateral abierto que se asoma al Palacio de los Córdova, de las siete salas en las que se guardarán los documentos.
La luz, como en el resto del complejo, es una constante. Modificaciones realizadas en el techo por Fresneda y Zamora son las que posibilitan que la claridad natural alumbre aquí también un pasillo de líneas rectas en las que combinan el ladrillo, el hormigón, la madera y el mármol con texturas al natural. «Hemos hecho un esfuerzo importante por dejar vista la estructura con la intención de poner en valor el proyecto de Feduchi, que es un diseño muy interesante», explica el arquitecto.
El ‘sancta sanctorum’ del edificio
El resultado es una calle que lleva al ‘sancta sanctorum’ del edificio, los depósitos. Se trata de salas macizas, protegidas por gruesos muros a las que se accede atravesando unas pesadas puertas que cuentan con un sistema especial de sellado para reducir riesgos en caso de incendios. Si se advierten llamas, el acceso se cierra inmediatamente y, mediante difusores, se inyecta gas en la sala para eliminar el oxígeno, lo que impide que el fuego continúe. El arquitecto lo resume con una imagen doméstica. «El funcionamiento es casi como el de una olla a presión».
El edificio combina materiales como el ladrillo, el hormigón, la madera y el mármol con texturas al natural
Dentro, sobre un pavimento de terrazo, irán los grandes contenedores donde estarán los documentos. Estos, como ocurre en otros espacios similares de la ciudad, se podrán mover fácilmente gracias a un sistema de raíles. «Hay que tener en cuenta que estamos hablando de archivadores compactos de grandes dimensiones que son muy pesados y, por tanto, no son fáciles de mover», detalla.
El resto del edificio esconde rincones difíciles de describir. Es el caso, por ejemplo, de las estancias de conservación, que se ubican bajo la terraza del Ave María. Son habitáculos de pequeñas dimensiones que serán empleados para llevar a cabo tareas como la desinfección de los documentos o la restauración de aquellos que se encuentren en peor estado. Todos siguen unas líneas similares, cerrados por cristaleras y dominados por una luz natural que se cuela desde el techo.
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También resulta de gran interés el pequeño salón de actos que hay al final del pasillo. Está configurado también por muros de cristal que, de nuevo, hacen presente la luz. El detalle aquí está en los que aparecen revestidos de ladrillo. Esconden un guiño de Zamora y Fresneda a Feduchi, que han conservado los viejos muros con trabas colocados por el madrileño y le han rendido homenaje construyendo otros nuevos sin traba que emplean el mismo material.
La luz juega un papel protagonista en el inmueble gracias a las cristaleras que dan a la Alhambra y a las aberturas en el tejado que alumbra de forma natural los diferentes espacios
El arquitecto original, que actualmente vive en Berlín, no ha sido ajeno a la obra. Ha acompañado en varias ocasiones a los responsables actuales, que destacan de él sus ideas tan originales. «Realmente hemos disfrutado mucho porque este es un buen proyecto y, además, ha habido muy buen entendimiento y nos ha permitido conocerle y hacernos amiguetes», dice Zamora con cariño.
Las nuevas huertas
El edificio lo completa el jardín que le sirve de cobertura. Se extiende a lo largo del rectángulo que dibuja la estructura del edificio sobre la parcela, la pincelada amarilla que se ve desde la Alhambra. Para los responsables de Urbanismo, que acompañan al arquitecto en el paseo, es un diseño que muestra la «verdad» del proyecto. «En la cubierta se manifiesta la estructura portante del edificio, las vigas que soportan el forjado y el peso de la tierra, por lo que lo deja todo a la vista», explican. «A lo mejor la gente no lo percibe a la primera, pero hace que, ya desde el paseo, vayas reconociendo el diseño, sí», confirma el autor.
Bajo el intenso sol, los operarios instalan los sistemas de riego que se alimentarán de un aljibe construido en la parcela, lo que permitirá recoger las aguas pluviales y aprovechar cada gota. El resultado será un vergel similar al que comprendían las huertas nazaríes, una cubierta verde que culminará la obra de Feduchi, Fresneda y Zamora y ocultará el tesoro enterrado donde se conservará la memoria de Granada.
Desde la Alhambra, el Carmen del Negro es un rectángulo verde y amarillo. La vegetación cubre parte de la parcela tal y como lo ha … venido haciendo desde el siglo XIV, cuando los nazaríes aterrazaron la zona para hacer huertas. Donde antaño crecían lentejas, garbanzos o espárragos -el ‘Fidālat al-Jiwān’ de Ibn Razīn es una referencia ineludible de lo que se plantaba y cocinaba en la época-, hoy se mueven los operarios como negras hormigas que entran y salen de su colonia. No es, sin embargo, un terrario lo que yace enterrado, sino un tesoro de hormigón, ladrillo y vidrio llamado a contener la memoria de la ciudad.

