[PRENSA] El habitual colapso de la Carrera del Darro los fines de semana aviva el debate del turismo masivo
La turistificación del Albaicín alimenta la incomodidad de los vecinos y el sector reclama un consenso para crear un modelo de turismo equilibrado para la ciudad
Imagine que tiene que pagar una entrada para pasear por las calles más famosas del Albaicín o para asomarse al Mirador de San Nicolás. En Venecia se acaba de recuperar hasta finales de julio una tasa de entrada a la ciudad con la que se pretende controlar el flujo de visitas en horario de 8:30 a 16:00 horas, aunque no se aplica todos los días. La estampa recurrente de una Carrera del Darro abarrotada de turistas invita a un debate que está lejos de parecer exagerado. Esa imagen se agravó este último fin de semana por las propias ganas de los granadinos o de la comunidad universitaria de vivir las cruces. La aglomeración de personas obligó a cortar el tránsito por la calle durante algunos momentos del sábado.
Granada tiene un problema con el turismo complicado de resolver. En eso coinciden todos los agentes sociales. Esta circunstancia resulta paradójicamente negativa para la percepción que se recibe en el exterior. No en vano, en el informe de expertos que evaluaron la candidatura granadina a la Capitalidad Europea de la Cultura en 2031 se hace mención a este asunto como una de las mayores debilidades del proyecto. El documento advierte del riesgo de la saturación turística en los entornos patrimoniales y solicitaba medidas concretas para gestionar su impacto.
Según explica César Rodríguez, portavoz de la asociación Albayzín Habitable, la presión turística ya ha cambiado el equilibrio del barrio. «Ahora mismo hay tantas camas y plazas turísticas como vecinos o incluso más», señala, a lo que se suma que una de cada cuatro viviendas (un 24%) está dedicada de alguna forma a uso turístico.
Esto tiene consecuencias directas en la vida cotidiana de sus habitantes. «A los vecinos les es difícil coger el autobús porque suelen estar copados por grupos de turistas. A veces es complicado incluso hacer la compra», argumenta en alusión a la desaparición de comercios tradicionales y su sustitución por tiendas de souvenirs o franquicias.
En los barrios históricos como el Albaicín, el Centro o el Realejo el aumento de apartamentos turísticos ha reducido la oferta de vivienda habitual. Con pocas posibilidades de construir nuevas casas, el resultado es una subida de los precios que está alejando a los granadinos de esos núcleos. Su sustitución no se está produciendo por la de otros residentes con mayor poder adquisitivo sino por población temporal: el turista, que no sostiene la vida del barrio, pero sí consume sus espacios.
Medidas básicas para paliar la masificación del turismo
César Rodríguez insiste en que hay margen de actuación con medidas básicas. «Con que se cumpliera la normativa municipal en terrazas o el código de buenas prácticas en los grupos que acompañan a los guías ya habría mejoras», comenta.

El sector turístico también reconoce el problema, aunque plantea otros enfoques. Juan Manuel López, secretario general de la Federación de Empresas de Hostelería y Turismo de Granada, admite que esa presión turística que existe en determinadas áreas demanda una actuación. «Hay que empatizar con los vecinos de esas zonas y poner límites al tema de las viviendas de uso turístico», señala.
Sin embargo, rechaza algunas soluciones como la tasa turística. «Está demostrado que casi la mitad de lo recaudado se pierde en la gestión», afirma. Además, cuestiona su eficacia para frenar la llegada de visitantes. «Si yo me decido a viajar a Venecia, me cobren 5 o 10 euros, voy a ir igualmente».
El debate sobre la posibilidad de implantar esa tasa ha sido hasta ahora superficial. Apenas se ha señalado esa posibilidad más como una vía para compensar el coste de los servicios públicos que como una herramienta disuasoria. En este enfoque están de acuerdo tantos quienes gobiernan como quienes ejercen la oposición.
El sector turístico apuesta más por la idea de redistribuir los visitantes. «Granada tiene una riqueza cultural enorme y hay que vender la provincia entera», señala Juan Manuel López, que defiende el uso de herramientas tecnológicas que permitan repartir los flujos de turistas en tiempo real.
Ambas posiciones consultadas para la elaboración de este reportaje coinciden en la necesidad de definir un modelo de turismo para Granada. Albayzín Habitable reclama el fin de la «barra libre turística» y apuesta por poner coto a la vivienda turística como medida esencial. Desde la Federación de Hostelería y Turismo también se advierte del riesgo de la saturación. «No queremos morir de éxito. El turismo tiene un impacto positivo, pero también sobre la vida de los vecinos, y no puede ir en contra del interés de la ciudad», afirma su secretario general.
La sentencia del TSJA sobre los pisos turísticos
El margen de maniobra del Ayuntamiento se ha complicado en las últimas semanas. Su intento por frenar nuevas viviendas turísticas acabó anulado por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), que consideró ilegal la forma en la que se introdujo la medida pero no lo que pretendía.
Las plataformas vecinales defienden el derecho a la ciudad como base para preservar la vida de los barrios y evitar su conversión en espacios exclusivamente turísticos. Granada se enfrenta a una decisión de fondo. ¿Cómo se puede compatibilizar una de sus principales fuentes de ingresos con la necesidad de mantener la vida en sus barrios? Seguramente la respuesta pase por un equilibrio que todavía está por construir.

