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[PRENSA] Miguel Ángel López, médico y escritor: “El Albaicín está ahí, pero su alma ha desaparecido”

Miguel Ángel López Ruz, que nació y vivió en el Albaicín ha escrito una nueva guía en la que propone una mirada diferente: una combinación de recorridos, historia, vivencias personales y material gráfico inédito que busca ofrecer una visión más completa del barrio. Miguel Ángel López es médico de profesión y profesor de la Facultad de Medicina de Granada. El libro se presentará el día 16 de abril en el Colegio de Médicos de Granada.

Pregunta.–Hay muchos libros escritos sobre el Albaicín. ¿Qué aporta el suyo que no tengan otros?

Respuesta.–Al tratarse de una guía, está actualizada con los últimos descubrimientos arqueológicos. Además, recoge recientes restauraciones de casas históricas, de las que he podido incluir fotografías, como la casa de la Miga de los Tornos, también conocida como Casa del Cura, en la placeta Aliatar. A esto se suman imágenes poco conocidas o inéditas, tomadas en espacios de difícil acceso o escasamente visitados. En total, el libro reúne más de trescientas fotografías a color.

P.–¿Qué lo hace realmente diferente?

R.–La última guía del Albaicín, si no me equivoco, data de 2001. Pero más allá de la actualización, lo que distingue a este libro es su estructura: once recorridos por el barrio acompañados de historias de cada zona, centradas en costumbres, leyendas y vivencias personales. También incluye referencias a personajes albaicineros. No conozco ninguna otra obra que combine todos estos enfoques. También el libro lleva una amplia bibliografía para aquellos que quieran saber en detalle la historia y los espacios y monumentos del lugar.

P.–Usted ha vivido años en el barrio. ¿Ha cambiado mucho?

R.–Sin duda. Pasé allí, de forma directa o indirecta, mis primeros veinticuatro años de vida y he seguido visitándolo con frecuencia. Antes, casi todas las viviendas estaban ocupadas y había comercios y servicios de todo tipo: panaderías, vaquerías, zapaterías, tiendas de comestibles, dispensarios médicos, farmacias, e incluso presencia constante de Policía y Guardia Civil. Apenas era necesario salir al centro. Las calles estaban llenas de vida: niños jugando, mujeres bordando, reatas de burros… Era un barrio vivo, sostenido por sus propios vecinos. Hoy el panorama es muy distinto: menos servicios, menos comercio y mucho turismo. El alma del barrio, que eran sus vecinos, ha desaparecido en gran medida. Tal como está ahora, salvo en zonas concretas y para ciertos perfiles, no es un lugar especialmente amigable para vivir.

P.–¿Qué recuerdo de su infancia en el Albaicín le ha marcado más?

R.–Hay muchos, pero quizá el más vívido es el reparto de comida en el Auxilio Social de la placeta de Abad, en los años sesenta. Cada día, a mediodía, se formaban largas colas de personas necesitadas. Muchas venían de las zonas más bajas del barrio y pasaban por mi casa, en el Callejón de las Tomasas. Recuerdo especialmente a Manolico, a Santiagazo y a tantas otras personas humildes que acudían allí.

P.–El libro está organizado en rutas. ¿Es la mejor forma de conocer el barrio?

R.–Creo que sí, especialmente para quien lo visita por primera vez. Los itinerarios permiten orientarse y no perderse ningún punto relevante. Para quienes ya lo conocen, siempre queda la opción de explorar por libre: iglesias, torres, murallas o aljibes, o simplemente dejarse llevar. En mi caso, estructurarlo en rutas me ha permitido vincular cada recorrido con historias, leyendas y experiencias personales ligadas a lugares concretos.

P.–Muchos vecinos denuncian la despoblación y el auge de los pisos turísticos.

R.–Es una realidad: cada vez hay menos vecinos y más viviendas destinadas al turismo.

P.–¿Qué necesita el Albaicín?

R.–Población estable, más limpieza y servicios que faciliten la vida diaria: comercios, farmacias, panaderías… También calles mejor empedradas, más consultorios médicos, mayor vigilancia policial y aparcamientos públicos. Y, por supuesto, una mayor oferta cultural: conferencias, conciertos…

P.–¿Y qué le sobra?

R.–Cableado exterior, ruido y suciedad. Y en cuanto al turismo, no debería estar masificado ni carecer de control.

P.–¿Cree que las administraciones están haciendo lo suficiente por mantener la esencia del barrio?

R.–Siempre se puede hacer más. No hay que olvidar que el Albaicín es Patrimonio Mundial de la Humanidad. Ahora Granada aspira a ser Capital Cultural Europea en 2031. Espero que en este proyecto no se olviden del Albaicín.

P.–Por último, los beneficios del libro tienen un fin solidario.

R.–Así es. Todo lo recaudado se donará a Médicos sin Fronteras. Creo que es una buena forma de unir cultura y solidaridad: quien compre el libro no solo conocerá mejor el barrio, sino que también contribuirá a una causa necesaria. Aunque nuestro sistema sanitario es universal y, en términos generales, de calidad, hay muchas personas en el mundo que carecen de lo más básico.

Categoría:Novedades, Prensa
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