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[PRENSA-OPINIÓN] El SAS nos manda a tomar por c…

Puerta del Centro de Salud Fortuny-Velutti, en la calle Tinajilla, próximo a cerrar.

Sobre el cierre del centro de salud Fortuny Velutti, un brillante artículo de Gabriel Pozo, que te recomendamos.

Me cuentan quienes cuidan de mi salud que nos mudamos. Cierran el Centro de Salud Fortuny Velutti y vamos. Todavía no sé si me tocará al ambulatorio Gran Capitán a uno nuevo de la Rosaleda. Depende de si a mi médico lo trasladan a uno u otro y arrastra sus cartillas tras él.

Gabriel del Pozo en El Independiente, 20-1-2026

Había visto a políticos y aspirantes manifestándose en la puerta. Protestando lo que ellos no resolvieron en su momento. Me lo temía, porque me lo dijo mi anterior médico de cabecera, y eso que ya hace tres años que se jubiló. Es cierto, el lugar no reúne las mejores condiciones, pero cumplía su función muy a mano para una clientela cada vez más escasa y envejecida. Apenas tenemos colas. Funciona bien. Yo estoy muy contento. Pero nos mudan, nos trasladan o, en granaíno añejo: el SAS nos manda a tomar por c…

Este centro de salud tiene su miga, su acervo y su historia. Se la voy a recordar a quienes hoy nos gobiernan, que carecen de todo lo anterior porque hace pocos años eran todavía unos lechoncillos sin destetar y no les alcanza la memoria (Aunque tú no tanto, amigo Indalecio).

Este centro arrastra todavía en primer nombre con que fue creado en la Plaza de Fortuny. Años setenta. Atendía a una extensísima población del Albayzín, Centro, Realejo, San Matías, etc. El servicio de salud fue mejorando con la creación de otros ambulatorios de barrio que le desgajaron partes y evitaron aglomeraciones. Nació el del Realejo, en el Campo de Príncipe, y el de la Plaza de San Nicolás (alto Albayzín). El ambulatorio Fortuny abandonó su sede original y el “Seguro del INP” lo trasladó a los bajos de la Casa de la Perra Gorda, justo al lado de la Inspección de Seguros Sociales.

Ahí fue rebautizado como Fortuny-Velutti. Porque a esa calle, sin salida por entonces, daba la puerta principal. Se llama Postigo Velutti porque la que iba a ser “gran vía de los pobres” fue trazada sobre una parte de propiedad del marqués de Falces a finales del XIX (José María Velutti y Zbikuwski). Fue en sus principios uno de los ambulatorios con mayor número de médicos y cartillas de Granada. Los inviernos estaba masificado.

En el año 2000, el Ministerio de Seguridad Social era propietario de la Casa de la Perra Gorda, donde concentraba su Tesorería y el INSS. Mientras que los bajos habían sido cedidos o “alquilados” al recién creado y trasferido Servicio Andaluz de Salud (SAS). El Ministerio decidió reformar profundamente el edificio, incluido el refuerzo de su cimentación. Dispersó a sus ocupantes en tres grandes oficinas del alquiler: la Tesorería se la llevó al edificio de la Caixa de Gran Vía; el INSS, a unos bajos en Divina Pastora; y para el ambulatorio le alquiló el bajo de la calle Tinajilla, recién reformado por Inmobiliaria Rosillo. La idea era que regresaran todos los desalojados tras la reforma.

Inmensos bajos de la Perra Gorda, con fachada a tres calles, donde estuvo el ambulatorio hasta el año 2000. Están sin uso desde 2008.

Las obras se complicaron y no estuvieron acabadas hasta 2008. Tantos años de reformas, la retirada de tanto personal y tanto trasiego de gentes del centro histórico tuvieron una repercusión muy negativa en los negocios del centro. También contribuyeron a su despoblación. Contaban algunos tenderos del Mercado de San Agustín que aquella operación les abocaba a cerrar. Y debió ser cierto, porque el mercado murió por aquellas fechas.

En 2008 fue reocupada la Perra Gorda por el personal de la Tesorería, aunque ya en menor número que cuando se fueron. Los del INSS pusieron todas las pegas imaginables para no volver a unas oficinas, en cuyos alrededores tenían dificultades para aparcar sus coches. Acabaron ganando el pulso y el INSS abrió sucursales varias (Abú Said en Alcázar Genil, Ancha de Gracia y después la sede central de la calle Calicasas).

De devolver el centro de salud a los bajos de la Perra Gorda nadie se ocupó. Ni los que gestionaban la sanidad andaluza por entonces (PSOE) ni los que la gestionan después (PP). Ahí continúan unos enormes bajos con fachada a tres calles, infinidad de ventanas que lo inundan de luz, acumulando polvo y criando ratas. De vergüenza: dieciocho años clausurados esos excelentes locales.

Y, si no se ponen de acuerdo las administraciones de Madrid y Sevilla, todavía estamos a tiempo de dedicar parte del edificio del Banco de España a centro de Salud, antes que a futura pirámide donde enterrar a otro faraón de Diputación. No descartemos los solares traseros de la calle Elvira, otro criadero de ratas desde hace cuarenta años, propiedad de la Agencia de Vivienda y Rehabilitación de Andalucía (AVRA). De paso, podríamos añadirle la primera rampa para subir al Albayzín. Por ideas que no quede; el dinero lo ponemos todos.

Mientras tanto, los gestores administrativos de nuestra sanidad han tenido la ocurrencia de contravenir el principio de “la salud, lo más cerca del paciente”. Y más en estos barrios en que la mayoría de clientes son población envejecida. Hoy nos lanzan cuatro parasangas más, hasta el Gran Capitán ─en el mejor de los casos─. O tres kilómetros más hasta la Rosaleda ─si se tiene menos suerte─. Imagino al abuelo de la Cuesta del Chapiz que tiene su médico en el Fortuny-Velutti actual y, dentro de unas semanas, tendrá que coger el bastón para arrear hasta las inmediaciones del Estadio de la Juventud. Lo tendrán que devolver a su casa en ambulancia.

En el siguiente empujón que nos den los modernos gestores de la sanidad que padecemos nos mandarán directos a las inmediaciones de Puleva. No les importará mandarnos a tomar por c… un poco más.

Categoría:Novedades, Opinión, Prensa
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