PRENSA: La hija de Muley Hacén que vivió en el bajo Albaicín

Una investigación de la arabista Nuria Viúdez revela que la permanencia de la dinastía nazarí en Granada no acabó con Boabdil, sino que se adentra en el siglo en el XVI con la próspera familia Muley Fez

Ideal JORGE PASTOR 10 agosto 2022

La Toma de Granada y todo lo que sucedió antes y después ha sido profusamente analizado. Pero el conocimiento de la Historia es inagotable y siguen transcendiendo investigaciones que no dejan de sorprender. ¿Sabían que la presencia de la dinastía nazarí en Granada no terminó con la huida de Boabdil a Fez? Este es uno de los aspectos profusamente estudiados en un artículo que acaba de publicar la revista Al-Qantara, del CSIC, donde la arabista alicantina Nuria Viúdez revela el árbol genealógico de una las familias más notables del siglo XVI, los Muley Fez.
Una saga que remanece de uno de los tres hijos –en este caso hija– que tuvo Muley Hacén con su esposa legítima, Aisha Al Hurra. La muchacha se llamaba como su madre Aisha y a diferencia de sus hermanos Boabdil, que se tuvo que marchar a Fez tras entregar Granada, y Yusuf, que fue asesinado en Almería, ella sí permaneció en la ciudad hasta que falleció hacia 1550.
Nuria Viúdez, licenciada en Filología Árabe por la Universidad de Alicante y experta en genealogía, ha estado dos años y medio en Granada bebiendo de fuentes directas.De archivos de tantísimo valor como el Diocesano o el de Protocolos Notariales que está en la calle San Jerónimo. En este último halló documentos tan interesantes como la firma del que fuera marido de esta Aisha, que adoptó el nombre de Isabel Muleya cuando abrazó el cristianismo. Este señor se llamaba Abd al-Haqq, era el hijo del último monarca de los meriníes –que reinaron en Fez hasta 1465– y que, en un curioso paralelismo con el devenir de su cuñado, hizo el mismo viaje que Boabdil, pero en sentido inverso. Tras caer derrocado en Fez Abd Al Haqq II, el padre de Abd al-Haqq, este príncipe viajó hasta Granada, se convirtió al catolicismo y fue rebautizado como Hernando de Fez Muley Çeyen y contrajo nupcias con Isabel Muleya.

Próspera vida en común
Y así fue como Isabel y Hernando comenzaron una próspera vida en común. Tuvieron tres vástagos, Catalina, Alonso y Álvaro, residieron en una casa que se ubicaba en las inmediaciones de parroquia más rica de Granada, la de San Pedro y San Pablo, en lo que hoy día sería el bajo Albaicín, y siguieron juntos hasta que él falleció en 1539 –ella aún subsistiría unos cuantos años más, hasta 1550–. La Casa que fundaron Isabel y Hernando, los Muley Fez, fue de las más influyentes de Granada. Venían de la antigua aristocracia musulmana, mantenían una estrecha relación con la corona, se ocupaban de asuntos tan importantes como la fiscalidad y gozaron de múltiples privilegios, a diferencia de los moriscos comunes, que sí estaban subyugados.
«Granada se convirtió en el siglo XVI en un gran laboratorio político, social y económico»
Según Nuria Viúdez, la relevancia de ahondar en estos linajes nobiliarios permite disponer de una genealogía exhaustiva, una cuestión no menor si tenemos en cuenta que la homonimia –muchos se llamaban igual– ha propiciado errores garrafales.Pero también permite adentrarse en cómo era la Granada del siglo XVI, que la propia Nuria Viúdez define como un «laboratorio» por la concurrencia de culturas en el mismo espacio y en el mismo tiempo.
«Granada es única y excepcional por todas las transformaciones que se produjeron desde el ámbito político, el económico y el social», concluye. Social porque confluyen castellanos, mudéjares antiguos, población negra procedente de esclavos y también árabes. Un ‘totum revolutum’ que generó lenguas como el ‘aljamiado’, una fórmula que se inventaron los moriscos para escribir en castellano con caracteres árabes. Desde el punto de vista confesional, también se produjo la difícil coexistencia del cristianismo con el criptoislam, que se practicaba en secreto. Y por si todo esto fuera poco, en esa Granada del XVI la elite y el vulgo compartían la misma procedencia morisca, pero mientras los primeros se beneficiaban, por ejemplo, de exenciones los segundos eran sometidos y obligados a pagar y pagar.
Nuria Viúdez, que defenderá su tesis doctoral a finales de este año, confiesa sentir verdadera fascinación por Al Andalus. «Tanto es así –reconoce– que estudié Filología Árabe por ello». Una fascinación que se deriva de los ocho siglos de historia compartida y por toda la herencia que ha llegado hasta nuestros días y que se manifiesta en la gastronomía o en la arquitectura. «Siento interés porque la evolución natural de Al Andalus es el Reino de Granada», asegura.
El pasado de Granada sigue revelando las singularidades de una ciudad donde convergieron oriente y occidente. Un diálogo de civilizaciones en el que Granada tiene mucho que aportar.

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