PRENSA: La casa más desconocida de la Carrera del Darro, Casa Latorre

Desde la galería superior de la Casa Latorre hay unas espectaculares vistas de la iglesia de San Pedro en primer plano y del conjunto monumental de la Alhambra detrás. / IDEAL

La Casa Latorre, adosada al Museo Arqueológico, abre al público tras la recuperación acometida por la Junta

Ideal, 11-02-2022

Seguro que el paseante inquieto se habrá preguntado en alguna ocasión ¿qué historia tiene ese edificio ‘cerrado’ que hay junto a la Casa de Castril? Sí, ese al que se entra desde la Carrera del Darro a través de una verja. Estamos ante una de esas valiosas construcciones del patrimonio desconocido de Granada que, desde ya, abrirá sus puertas para el público especializado en la arqueología –de hecho está conectado con el Museo Arqueológico– y también estará disponible para que profesionales, profesores e investigadores de cualquier ámbito puedan impartir conferencias gracias a la habilitación de una sala con capacidad para unas cuarenta espectadores.

Estamos hablando de la Casa Latorre, un caserón señorial erigido con el aspecto y configuración actual en el siglo XVIII, y que se estructura en torno a un hermoso patio de columnas y una galería de madera. Una finca que es propiedad de la Junta de Andalucía, que acaba de acometer una inversión superior a los cien mil euros precisamente para eso, para que los ciudadanos de Granada puedan acceder y disfrutar de una joya arquitectónica que, en efecto, tiene una apasionante historia detrás.

Antes de iniciar un recorrido para descubrir las singularidades la Casa Latorre, conviene saber que la finca fue adquirida por el Estado a unos particulares en los años setenta como ampliación de la Casa de Castril, que desde 1923 ya albergaba el Museo Arqueológico, el Museo de Bellas Artes y la Academia de las Bellas Artes. ¿Qué sucedió? Que solo permaneció ahí el Arqueológico y que, en la práctica, la Casa Latorre estaba prácticamente en desuso. Ahora, con esos 105.000 euros que se ha gastado la Delegación de Cultura y Patrimonio, se han recuperado espacios para el estudio, para el desarrollo de talleres, para biblioteca, para la conservación del propio Museo y para la organización de conferencias. El delegado de Cultura, Antonio Granados, ha señalado que, previamente, «ha sido preciso acometer arreglos que en algunos casos tenían, incluso, un carácter urgente». Y es que tras el enjambre sísmico de principios de 2021, con terremotos con intensidades superiores a cuatro, se observaron rajas en paredes y desprendidos en cubiertas de cáñamo. «Había grietas en las escaleras que podían ir a mayor, en el caso de que no se hubiera actuado», asegura Granados, quien lamenta que no se haya podido activar la partida de 2,5 millones de euros contemplados en el Plan Alhambra para el Museo Arqueológico por la «falta de implicación» del Ministerio de Cultura. Un dinero que, según Granados, se habría empleado en la musealización de estancias que ahora se dedican básicamente al almacenaje de miles y miles de piezas de gran importancia procedentes de yacimientos como el de Orce o los Mondragones.

Antonio García Bascón, jefe del Departamento de Museos de la Delegación de Cultura, es una de las personas que mejor conoce la Casa Latorre. Él acompañó a IDEAL en una reciente visita realizada al inmueble, al igual que lo podrán hacer los ciudadanos que lo deseen en las jornadas de puertas abiertas que programará la Junta en los próximos meses. «Lo primero que hay que aclarar –dice– es que la Casa Latorre no se llama así porque tenga una torre, sino porque fue habitada durante muchos años por Rafael de la Torre». Un pintor que alcanzó cierto éxito en la Granada de principios del siglo XX, aunque su verdadera profesión fue la de anticuario y la de restaurador de obras de arte de maestros granadinos como Alonso Cano o Juan de Sevilla.
Modificaciones

Esto es importante para entender cómo es hoy día la Casa Latorre, de orden arquitectónico tardo barroco, por dos motivos. El primero porque Rafael de la Torre realizó las modificaciones que consideró precisas para acaparar piezas antiguas e incluso de origen arqueológico. Y segundo porque muchos de estos elementos fueron acarreados desde fuera e integrados en la Casa Latorre, como el pilar o el surtidor que hay en el patio central –se está estudiando la implementación de un sistema de bombeo para hacer un circuito cerrado y que circule siempre la misma agua–.

Empecemos el recorrido por la entrada. Probablemente la mayor peculiaridad de la Casa de Latorre, que fue rehabilitada a principios de los años ochenta por el arquitecto Ignacio Gárate para garantizar su sostenibilidad, es que cuenta con una placetilla similar a los compases de espera que había en los monasterios. La portada, fechada entre los siglos XVI y el XVIII, es original y está rematada por con un escudo nobiliario que nos da muchas claves sobre quiénes fueron sus moradores, la familia Serrano Luque y Maldonado Calvillo, que se instaló allí en 1645. La Casa Latorre, de un rango inferior a la Casa de Castril –realmente estaba separada de esta por un pequeño adarve–, fue transformada para facilitar el tráfico de materiales y derribos procedentes, por ejemplo, de todos esos edificios que se demolieron para ejecutar la Gran Vía. En este punto conviene recordar que la Carrera del Darro es una calle histórica que cuenta con los máximos niveles de protección, y que hoy día sería imposible realizar intervenciones como las llevadas a cabo por Rafael de la Torre.

La segunda parada es el patio, un punto central desde el que se distribuyen todas las funciones de la Casa Latorre. Es sobrio y con columnas de piedra de Sierra Elvira de orden dórico. Los techos de la arquería están cubiertos de lunetos, muy del gusto del barroco.

Jardín

El jardín también merece un rato de atención. Se sitúa en la parte trasera y se configura a partir de una hipotética huerta. No hemos de olvidar que la parcela en la que está levantada la Casa Latorre cuenta con varias ocupaciones anteriores –estamos a los pies de la Alhambra y al lado del río Darro–. La imagen actual es romántica, con reminiscencias del siglo XVII. Al fondo, adosado al muro medianero, hay otro pilar que tampoco formaba parte del recinto. Fue transportado para colocarlo ahí, ‘ex profeso’.

Subimos las escaleras hasta arribar a una gran dependencia exenta –posiblemente en el pasado estaba compartimentada– con ventanales orientados hacia la fachada de la iglesia de San Pedro.

En uno de los extremos hay un pequeño oratorio que coincide con la parte trasera del presbiterio del convento de San Bernardo, por lo que, a juicio de Antonio García, no sería descabellado pensar que fuera una especie de tribuna, aunque lo más verosímil es que fuera sencillamente un lugar dotado de un pequeño altar donde rezaran los Serrano Luque y Maldonado Calvillo. Tiene una cúpula de media esfera y un par de alacenas. Y terminamos este itinerario por la Casa Latorre en la galería superior, que era utilizada antaño por el personal de servicio y como solana para el trigo. Lo más impresionante son las vistas, sin lugar a dudas. Se divisan las torres de San Pedro y la de Comares, de la Alhambra, y el tajo de San Pedro.

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