Los vecinos del Albaicín se rebelan tras un nuevo ataque a su patrimonio

Las pintadas forman ya parte de la historia del Albaicín. Resulta prácticamente imposible encontrar un trozo de pared que no haya sido víctima de estos delincuentes callejeros que atacan a punta de spray. La última la que sufrió una casa catalogada ubicada en la ruta que lleva hacia el Mirador de San Nicolás.

Leer a María Espínola en Granada Hoy, 21-08-2015

Su dueño se marchó entre las diez de la noche y las tres de la mañana. Tiempo más que suficiente para que el autor, aún desconocido, llevara a cabo su obra. Pero no fue el único dibujo que realizó, sino que decidió inmortalizar otra serie de garabatos a su paso, dejando una especie de sello por el camino. Unas pintadas que se suman a las miles que llenan las calles. Lo peor, nada ni nadie parece poder detener este problema con el que los vecinos han aprendido a vivir, aunque sea a la fuerza.

Las calles de una de las zonas más emblemáticas de la ciudad se han convertido en lienzos improvisados de lo que unos pocos se empeñan en llamar ‘arte urbano’, o lo que la gran mayoría considera un atentado a la memoria histórica de la ciudad. Y es que como cuenta la presidenta de la Asociación de Vecinos del Bajo Albaicín, Lola Boloix, «nadie podría imaginar que entre estas calles vivía la madre del que, en su día, fue rey de Granada, Boabdil».

Basta con dar un pequeño paseo por la zona del Albaicín Bajo para contemplar el triste panorama y el deplorable estado de las calles. Si hubiera que definir el estado que presentan algunas zonas del barrio, sin duda, serían: suciedad y abandono.

La Asociación de Vecinos del Bajo Albaicín no se resigna. Llevan años denunciando la dejadez por parte del Ayuntamiento a su barrio. Denuncias que, en su mayoría, por desgracia caen en saco roto. Su presidenta recorre cada día con desconsuelo y frustración las calles de su barrio de toda la vida. Lola cuenta cómo «la parte que ven los turistas como las calles que llevan hasta el mirador» son las que mejor cuidadas están. Mientras que «las calles que son de los vecinos del día a día, de paso y que se encuentran menos a la vista, están de desastre». Lo que Boloix llama «la ruta de oro», es decir, la zona más céntrica de la ciudad, como Gran Vía o la calle Recogidas, está siempre limpia, señala.

La suciedad se acumula, los hierbajos crecen a sus anchas y las esquinas de las calles se convierten en improvisados retretes. Pero no solo eso, no es extraño encontrar animales muerto, incluso alguna rata que convive como una más en el barrio. Los trabajadores de Inagra hacen su mejor esfuerzo cada día, sin embargo, el escaso personal destinado a la limpieza de esta zona de la ciudad hace que el trabajo diario no sea suficiente y con el calor los olores se acentúan en verano, hasta tal punto que son los propios vecinos los que, en muchas ocasiones, se encargan de la propia limpieza de sus calles.

Así lo cuenta Rafael Moreno que lleva viviendo en el Albaicín 23 años y que ha optado por cortar él mismo la hierba que crece sin control por estas calles: «Prefiero hacer las cosas yo que quejarme», explica. Problablemente, consciente de que la mayoría de denuncias y quejas que han presentado los vecinos en el Ayuntamiento durante todos estos años no llegan a ninguna parte. No obstante, no todos piensan como Rafael y los vecinos, cansados de esta situación, reclaman que ellos también pagan impuestos como todo el mundo.

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