PRENSA. Entrevista a Antonina Rodrigo: “Rescato del olvido a mujeres asesinadas como lo fue Lorca”

¿Recuerda la Guerra Civil?

Los sublevados tomaron el control de Granada el 20 de julio de 1936: yo tenía 17 meses y 16 días.

Ayer hizo 82 años…

Mi barrio, el Albayzín, fue el único que defendió la República: nuestros obreros y artesanos sindicalistas –cenetistas, la mayoría– levantaron barricadas aquel día…

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¿Y qué les pasó?

Heroicos, resistieron dos días a los golpistas, ¡que les cañoneaban! Luego… los franquistas asesinaron a 6.000 granadinos hasta 1939.

Entre ellos, a Federico García Lorca.

Hubo muchos Lorca: maestros republicanos, catedráticos, artesanos, obreros… ¡Y mujeres! Las rescato del olvido ominoso.

¿Se dedica usted a eso?

Sí, para que el olvido no las mate otra vez. Rescato a la zapatera, la pastelera, la farmacéutica, la pescadera, la bordadora, la miliciana, la maestra, la escritora, la secretaria de la ministra Federica Montseny…

¿Qué tenían en común?

Eran mujeres granadinas, anónimas, valientes, cultas, sensibles y avanzadas: luchaban por la libertad y cultura que la República les dio. Fueron perseguidas, presas, violadas, fusiladas, sepultadas en fosas sin nombre…

¿Supo usted de todo esto en su niñez?

Mi infancia son niños con brazaletes de luto negro, horror, tristeza, miedo y hambre.

¿En el barrio del Albayzín?

Sí, ¡cuánta miseria! Un mediodía comíamos los siete hermanos y llamaron a la puerta. Llovía. Era una mujer con un niño pequeño, descalzo, empapados los dos. Pedía comida. Y mi madre los sentó a la mesa. El niño tenía los piececillos helados… Mi madre le dijo a mi hermano con la misma talla de pie: “Dale unos de tus zapatos, ¡y no los más viejos!”

¿Gozaban ustedes de recursos?

No, ella seguía su ideal de fraternidad. ¡Así nos educó! Me citaba a Federica Montseny.

La primera ministra anarquista…

Y mujer. De Sanidad. “Llenaba plazas de toros”, me contaba mi madre… ¡y yo creí que era torera! Y a mis seis años, una compañera del colegio me dijo: “¡Era una demonia!” Se lo dije a mi madre y me sacó un ejemplar de La Vanguardia que ocultaba en un armario…

¡ La Vanguardia!

Mi padre viajaba a menudo a Barcelona por el comercio del textil: “Catalunya, vecina de Francia, es culta y libre, ¡es el seny!”, eso nos repetía. Por eso me entristece esta Catalu­nya de hoy que pide fronteras, que se derechiza, que se cierra… ¡Y cómo me revuelve las tripas oír hablar de “políticos exiliados”!

¿Puigdemont y sus exconsellers?

¿En coche y casoplones? ¡Exiliados eran los españolitos de 1939, en alpargatas, con hijos en brazos muriendo de frío y hambre, a culatazos, sin nada, humillados, abandonados, encerrados en campos de concentración…!

La he entendido, Antonina…

Mi madre me mostró aquel día en La Vanguardia una foto de Federica Montseny: ¡hablaba a una multitud en una plaza de toros!

¿Eso le llevó a usted a la política?

Trabajé siendo adolescente, estudié por mi cuenta, leí mucho, me apasionó la poesía… Me fascinó el amor de Lorca y Cataluña: ¡los últimos diez años de Lorca son catalanes! Con Xirgu, primera intérprete de su teatro.

¿Cómo se interesó por ese vínculo?

Me casé con Eduardo Pons Prades, exiliado de 1939 a 1965, del sindicato CNT de la madera. Como le vigilaban, nos fuimos a Francia. Ya en 1970 nos instalamos en Barcelona. Y, como buena lorquiana, visitamos a Dalí…

Dalí dijo que Lorca fue su mejor amigo.

¡Se admiraron mucho mutuamente! Federico y Anna Maria –la hermana de Salvador Dalí– se escribieron muchas cartas, muy cariñosas, hasta el final… Yo la ayudé a cederlas a la Casa-Museo de Fuente Vaqueros: ¡son las cartas más hermosas de Lorca!

¿Aparecerán un día los restos de Lorca?

No creo, no creo… La familia de Lorca quizá sabe cosas que nunca nos contará…

¿Y qué sabemos de las fosas de aquellas granadinas también asesinadas entonces?

En el mismo lugar y días en que fusilaron a Lorca, mataron a Agustina González López, la Zapatera, mujer prodigiosa, progresista, culta, que escribía manifiestos, vestía pantalones, debatía, se manifestaba sin recato…

¿La mataron por todo eso?

El abominable abogado Juan Luis Trescastro se ufanó de haberle disparado a Lorca: “¡A él por maricón, y a la Zapatera por puta!”

¡Cuánta barbarie!

Agustina, antes de ser tiroteada, elevó sus brazos a las estrellas… Y fue arrojada al desprecio de la fosa común. Y continúa fundida con la tierra. Igual que la farmacéutica y feminista Milagro Almenara. Y Concha Moreno, que era costurera. Y las hermanas Peinado, que eran aguadoras. Y Rosario Fregenal, modista sindicalista. Y la pescadera libertaria Trinidad Capeli, que fue fusilada al igual que lo fueron sus propias hijas…

Le agradezco que las recuerde aquí.

Todas ellas víctimas –¡como Lorca!– de la represión fascista.., del mismo modo que la represión absolutista había ejecutado en 1831 a nuestra heroína Mariana Pineda, mujer granadina que bordó en una bandera estas tres palabras: “Libertad, igualdad, ley”.

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