PRENSA: Entre el lujo… y la ruina

Las calles del Albaicín esconden 223 cármenes, 150 de ellos protegidos por su valor histórico; sin embargo, su catalogación no evita que 1 de cada 3 esté en un estado de conservación penoso

Leer en Ideal, 06-05-2017

El Albaicín es Patrimonio de la Humanidad por muchas razones. A sus miradores, calles e historia intrínseca se le une el albergar una de las edificaciones más típicas de la ciudad, el Carmen. Un modelo de vivienda que destaca por sus jardines y huertos de interior, pero que en los últimos años está en la UVI; algo que hace que el título de barrio patrimonial se tambalee ante los muchos ojos que lo miran.

El Albaicín alberga 223 cármenes entre sus calles. Ciento cincuenta de ellos están protegidos por el Plan Especial de Protección y Reforma Interior (Pepri) de 1990 por el valor del edificio o de los jardines anejos. Una importancia que, sin embargo, no blinda su cuidado ni su preservación, bien sea por parte de propietarios, particulares o administraciones. De los 150 cármenes catalogados, 98 se encuentran en buen estado, pero 28 de ellos necesitan mejoras; 13 están degradados y 15 muy degradados. Esto supone que el 37,3% de estas edificaciones protegidas no se encuentra en condiciones óptimas, o lo que es lo mismo, que uno de cada tres cármenes está en mal estado y requiere atención urgente.

Esta alarmante radiografía de los cármenes no se advierte sólo en documentos oficiales. Basta con dar un paseo por el barrio para ver las dos caras de la moneda. La ‘cara’: cármenes históricos de gran belleza y bien conservados, que se mueve entre el lujo y la vistosidad de lo que son. Cuidados y, en muchos casos, destinados a fines hosteleros y turísticos. La ‘cruz’: casas históricas, vacías y cerradas a cal y canto, que se van muriendo lentamente y de las que nadie se hace cargo de manera directa.

El abandono de este tipo de edificaciones es una denuncia habitual por parte por los vecinos del barrio a través de la asociación de vecinos. Sobre todo porque este tipo de ‘abandono urbano’ está provocando otro tipo de problemas colaterales, como es el caso de las ‘okupaciones’ o expolios.

Es este, por ejemplo, el caso del Carmen de Torres Molina. El histórico edificio, ubicado en la placeta que lleva su nombre, fue ‘okupado’ hace menos de un mes. Rompieron la puerta y se adentraron en los jardines, donde se entremezcla la maleza, propia del abandono de la casa, con las botellas de cerveza de unos ‘inquilinos’ que decidieron dedicarse a la práctica del botellón.

No es el único caso de dejadez que se aprecia en el barrio. Lo más sangrante, sin embargo, es que algunos de estos cármenes están protegidos. Ocurre con el Carmen de las Tres Estrellas, parte de los cármenes del Carril de la Lona o de la antigua casa de la doctrina de la calle Pagés, verdaderas reliquias arquitectónicas e históricas, algunas de los siglos XVI a XIX, que se ‘caen a cachos’. La lista de cármenes enfermos afecta también a la famosa Casa de Yanguas, morisca y de gran valor, o al Carmen del Negro, ubicado en plena Cuesta del Chapiz y del que sólo queda la verja de entrada. Todo lo demás está arrasado.

Los anteriores son algunos de los casos de cármenes que están protegidos, pero en el inventario albaicinero hay otros 73 que no están catalogados -pendientes de que se actualice y revise el plan- que, igualmente, forman parte del paisaje urbano y tampoco viven su mejor momento. De estos 73, el 35% se encuentra en mal estado y 12 -el 32%- muy degradados. Y todos, catalogados o no, están a diario a la vista de vecinos y miles de turistas.

Frenar el abandono

La pregunta que viene a la cabeza es clara: ¿Cómo pueden estar así estos cármenes? Influyen diversos factores. La gran mayoría de estos inmuebles son privados, algunas heredados y de familias que ni siquiera viven ahora en la ciudad. El mantenimiento no es sencillo ni barato y, por otro lado, tampoco hay un control o medidas contundentes por parte del Ayuntamiento para que se atienda a su cuidado. Además, existen en la ciudad otros espacios públicos que también necesitan atención y en los que no se interviene.

Precisamente, una de las peticiones que realizan colectivos en pro del patrimonio o la propia asociación del Bajo Albaicín es la de mayor control, responsabilidad y medidas de intervención directa en estas edificaciones degradadas. «Es incomprensible que cármenes con esta importancia histórica estén completamente destrozados. Requerimos que se actúe con sensibilidad urbanística e histórica para que el barrio vuelva a tener su esencia», señala la presidenta del Bajo Albaicín, Lola Boloix.

Y es que los daños que sufren los 56 cármenes protegidos que se encuentran en mal estado son muy fáciles de ver. Hay ventanas rotas, marcos de puertas descolgados y con la madera carcomida, grietas en fachadas… Y no sólo eso. 51 de estos edificios tienen catalogado su jardín. La singularidad del espacio verde en bancales que se utilizaban como huerto con árboles frutales hacía de los cármenes una construcción especial que tenía una doble función: servir de espacio de recreo y de pequeño sistema agrícola para la familia. Algunos de ellos sufren el mismo problema. El descuido de estos terrenos hace que el aspecto de las viviendas sea incluso peor, ya que se ven todos estos jardines con matojos y árboles secos que asoman tras los muros de las casas.

Las medidas de actuación para solventar este problema también se reclaman desde la Agencia Albaicín, órgano que vela por el patrimonio del barrio. La vital actualización de Pepri y que se actúe de manera subsidiaria en casos de abandono continuado son algunas de las medidas que podrían frenar la caída de valor patrimonial en un barrio que destaca precisamente por ello.

El área de Urbanismo del Ayuntamiento es consciente del problema y se encuentra enfrascada en la puesta en marcha de un nuevo Plan Especial en el que, según el edil del ramo, Miguel Ángel Fernández, se tratarán de manera específica a los desmanes -por exceso y defecto- que se cometen en los cármenes.

Esta es la vía oficial, la burocrática y más larga para intentar poner freno al problema. Mientras tanto, la realidad es otra. Los cármenes reclaman con premura y desde hace años una intervención y atención que no llegan.

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